
Iba por el bosque, gruñendo y gimiendo de dolor. En medio de los frondosos y fuertes árboles iba buscando a la que perdió.
En sus colmillos que afloraban como sangre a la herida se hallaba el secreto que tantas veces buscó proteger. Me pregunto ¿como es el dolor de una bestia?
Siempre un amigo fiel, aquel lobo la amó en silencio, vigilando su figura cambiante, el como maravillosamente sus cabellos creacian junto a los preciados contornos de la adultez, el que adorara caminar bajo la luz de la luna y las tantas veces que ella se confesó enamorada. Y si la amaba ¿le amaría a él también? porque él era uno con la luna. Pero que esa inexplicable y sencilla forma de vida que se vertía delicada dentro de ese cuerpo de mujer le viera con otros ojos un día, era como el sueño de un día confesarle todos sus secretos al oído a la diosa de plata.
La heridas que llevaban consigo eran muchas, sus enormas patas atravesaban el campo sembrado de flores en medio de ese bosque que ella tambien había caminado junto a él innumerables veces y la vista se le vió nublada por el llanto. Sí, las bestias lloran.
Porque el recuerdo era más fuerte y traia las palabras, porque el desamor traía como una flecha en recuerdo de sus palabras clavándose en él aún cuanto aullaba rogándo se quedara y el corazón, el corazón ... ¡cuanto dolor puede soportar un alma contraída por el deseo y el amor jamás confesados? si el rechazo fuese el enemigo, sería como una espada quitando la vida poco a poco.
- Más rápido, más rápido! - gritaba algo en su interior como si en ello el alma estuviese puesta y como si respirar tampoco fuera necesario, el cuerpo contrayéndose y los musculos retorciéndose por el esfuerzo. La gloria hundiéndose en ese momento en que ella, ella su profundo amor, se fue.
La luz iluminaba el fin del camino y daba paso a sonoro aroma del mar rojo, sus garras de adhirieron al suelo como un freno a la locura junto al borde de ese precipicio que tantas veces sirvio de cuna y nana para su pequeña dama. Los ojos vidriosos y el aire escapándose junto a ese barco que se la llevaba. Podía olerla, podía sentirla casi como si estuviera cerca y aún asi, aún sintiendo que podía dar el amor más grande del mundo ella se alejaba.
Si los dioses nos odian asi, como es posible continuar...
Palabras vagas que se dibujaban en la mente como salvavidas, como reteniéndose para no intentar seguir corriendo dónde ya no se podía.
La cabeza de un lado a otro agitándose, las patas moviendose sin sentido, el pesado y fuerte cuerpo queriendo caer y caer más veces, los colmillos quebrantados y la voluntad que sostenía todo, la voluntad para el dolor y la angustia de lo que jamás volverá. Entonces ¿cómo no esperar que se desencadene la osadía de la derrota y el declive de lo que aún lo hacía humano?
Un aullido recorrió cada lugar de la tierra, incluso hasta ese barco, Un aullido que desgarraba todo lo vivo haciendo carne el dufrimiento. Ella llevó sus manos al corazón y dijo - perdóname pero siempre fue de él, siempre -dijo.
Y en aquella bestia que a cada lágrima derramada abandonaba su forma, sus recuerdos, todo cuanto había sido por ella, que le arrastraba irremediablemente y sin esperanza a lo profundo de las cavernas de la montaña sur dónde solo se podía matar o morir.
Si aquel desgarrador aullido no hubiese cesado cuando ya el frágil cuerpo de la bestia caía sobre las rocas, hubiese pensado el mundo que viviria en eterna tormenta, pues las lágrimas de aquel que un día fue hombre no cesaban de caer sobre las aguas y la tierra, abarcando al mundo.
Toda alma viviente aquella noche sintió congoja por el que ahora solo era una violenta bestia, que lo perdió todo y lo abandonó todo por el más terrible y a la vez intenso sentimiento humano; el amor.