Ojalá pudiera verte.
Tocar con un leve roce
imperceptible para el tiempo,
tu mirada ausente.
Sigo los mismos pasos,
silenciosos, distantes,
para no incordiar
las horas constantes,
tan reales como la muerte.
Tengo ganas de sentir otra vez
algo más que costumbre,
más sublime que la abnegada
constancia y querencia,
a la que me entrego
para por fortuna olvidarte.
Pero eres constante
como el pensamiento y el latido,
tan desgarrador,
como la mañana con su hastío
y las noches con sus recuerdos.
Ojalá pudiera tenerte.
Rozarte con la leve sonrisa,
tan perceptible para el aliento
de una marcha constante
que mantengo solo para recordarte.
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